TRATANDO LA SINGULARIDAD

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Singularitat

Que cada persona es única y diferente a las demás es conocido. Esta expresión es aplicable también sobre nuestra morfología ósea (la forma de nuestros huesos). Nuestros huesos vienen determinados en gran parte por la genética, pero también se ven influenciados por el estilo de vida, la alimentación, las actividades que realizamos… Nuestro esqueleto es especialmente moldeable durante la infancia. Así pues, una posición repetida habitualmente puede acabar dando cierta forma a nuestros huesos, haciéndonos únicos y diferentes al modelo tradicional expuesto en los libros de medicina.

¿Todos somos iguales?

Evidentemente no hablamos de grandísimos cambios ni tan siquiera de modificaciones que causen patología, sino sencillamente pequeñas adaptaciones que se han producido como consecuencia de nuestras acciones.

Estos cambios no tienen porqué afectar a nuestras actividades en el futuro. Pero si que debemos tenerlos en cuenta a la hora de realizar ciertas actividades o cuando aparece alguna lesión o molestia para no acabar tratando lo intratable ni causar un problema donde no lo había.

Algunos ejemplos:

Imaginemos un niño que durante su infancia tiende a sentarse sobre sus talones bastante a menudo. Esta situación puede propiciar que los huesos de sus piernas (vamos a coger el fémur como ejemplo) crezcan algo retorcidos sobre si mismos, es decir, si pudiéramos coger este hueso y ponerlo al lado de un modelo óseo, veríamos que nos sería imposible alinear los dos extremos con el modelo. Así pues si alineamos la parte de arriba, la de abajo quedará orientada hacia un lado y viceversa. Esta singularidad no tiene porqué afectar a nuestro niño y podrá realizar una vida completamente normal. Sin embargo puede llegar algún momento en que sea importante contemplar esta torsión para no cometer errores.

Si hemos entendido el concepto de torsión explicado anteriormente, comprenderemos que en este niño, cuando su cadera esté orientada hacia delante, su rodilla difícilmente seguirá la misma dirección, quedándose pues mirando hacia dentro o hacia fuera según la dirección de la torsión. En el caso de que pongamos la rodilla orientada hacia delante, será la cadera la que se verá orientada hacia un lado.

Vamos a imaginar que este niño va creciendo y llega un día en que le aparece dolor en alguna parte de la pierna. En una primera exploración rápida podría pensarse que este niño tiene una falta de movilidad de la cadera en una de las direcciones, ya que si nos fijamos en la rodilla veremos que es capaz de desplazarse mucho hacia un lado y muy poco sobre el otro. Nada más lejos de la realidad, ya que como hemos comentado antes su rodilla no queda orientada de igual forma que su cadera, pudiendo su cadera realizar el movimiento en su amplitud normal pero viéndose este alterado en la rodilla. Si el tratamiento fuera intentar que esta cadera recuperara su movimiento descrito en los libros, o intentar que su rodilla fuera siempre mirando hacia delante, estaríamos provocando un mal funcionamiento de su cadera, pudiendo ocasionarle una irritación o lesión de esta y la aparición de otro dolor, además de no mejorar el que ya tenía.

Así pues, es indispensable una buena exploración física global, entendiendo la morfología de cada individuo y tratarlo respetando sus singularidades. Hay que tener en cuenta que estas singularidades las tenemos todos en mayor o menor medida y hemos convivido siempre con ellas, con lo cual cuando aparece una lesión o un dolor no debemos recurrir a ellas como causa de la lesión, ya que nuestro cuerpo ya se ha adaptado a su morfología para funcionar.

LAS singularidades EN LA actividad FÍSICA:

Si una persona con una torsión femoral externa no compensada (es decir, cuando su cadera está orientada hacia delante, su rodilla y su pie miran hacia fuera) decide ir a esquiar, esto implica utilizar unos esquís que llevan la bota sujeta encima y orientadas hacia delante. Pero en el caso de nuestra persona, cuando su pie mire hacia delante su cadera estará mirando hacia dentro, aumentando el riesgo de lesión, ya que esta no puede funcionar en su posición óptima. Seguramente para esta persona no sería el esquí la actividad más recomendable.

reflexión final:

Si tenemos tan claro que cada uno de nosotros somos diferentes, y que esta diferencia viene con nosotros desde niños, no cometamos el error de acusar a nuestras singularidades de nuestros problemas ni tratemos de corregirlas, sino que debemos buscar las causas reales de nuestras lesiones/molestias y luchar contra ellas.

Esperamos que os haya gustado nuestra reflexión y también esperamos vuestros comentarios. Estamos a vuestra disposición para cualquier duda.

David Boatella Cortina

Pol Amigó Mustarós

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